MEMORIAS DE AFRICA. (Del África a la que ya no le quedan leones)
Hace unos días he tenido la suerte de acompañar a miembros de la ONG – Visió Sense Fronteres – mientras desarrollaban un programa  en Burkina Faso.
Esta ONG local cuyo objetivo fundamental es prevenir la ceguera evitable, y esto incluye el tratamiento de enfermedades oculares así como la corrección de la vista mediante gafas, es una organización cercana, nacida en la Marina Alta en la que colaboran Ayuntamientos y particulares de la Comunidad Valenciana y que actualmente trabaja ya en varios continentes. Este proyecto en concreto contó con la ayuda del Ayuntamiento de Denia.
Viajamos 8 personas, cuatro dedicados específicamente a la actividad oftalmológica  que en 10 días consiguió operar a 205 personas en Bobodioulaso, segunda ciudad del país y otras 4 que quedamos en la capital –Ouagadougou- colaborando con la organización local AMPO (Asociatión Managré Nooma pour la protection des Orphelins) . Esta asociación fue fundada en 1993 por Katrin Rhode, alemana  dedicada al mundo del libro que a partir de esa fecha tomó la decisión de fundar un orfelinato para recoger a los niños que vivían en la calle.  En la actualidad mantiene 19 proyectos que incluyen el orfanato de niños y otro para niñas, un dispensario que atiende cada año a unas 30.000 personas, una escuela agrícola, una casa de acogida para mujeres en riesgo de exclusión social, programas de vigilancia y tratamiento de niños malnutridos etc.
La planificación del viaje estuvo llena de incertidumbres ya que Burkina Faso está incluido en la lista de países a los que el gobierno español aconseja no viajar por la posibilidad de secuestros. Si a esto unimos el riesgo de enfermedades tropicales, con la posibilidad de adquirir un paludismo por Falcíparun, la variedad mas resistente y agresiva de las existentes, la facilidad de adquirir parásitos  e infecciones intestinales que te obligan a evitar el agua  incluso en hielos o lavado de dientes no cabe duda que la decisión de realizar el proyecto se antoja temerario para familiares y amigos que piensan que pones en riesgo tu vida.
Es posible que el sentido común aconseje no bajar la guardia, pero para nosotros ha sido una experiencia gratificante, compensamos la prohibición de tocar el agua  bebiendo solo cerveza y nos vimos condenados a comer bien para evitar los contagios de los incómodos parásitos. La amabilidad de nuestros anfitriones nos ha dado una sensación de total seguridad y para nada hemos sentido el peligro en nuestros desplazamientos. Cierto que evitamos las salidas nocturnas y siempre fuimos acompañados por personal local. Nuestras caras blancas son muy llamativas en este país con muy poco turismo europeo. Hemos podido visitar con tranquilidad sus poblados y las explotaciones agrícolas donde los alumnos de la escuela agrícola de AMPO una vez han superado los  dos años de aprendizaje,  tienen oportunidad de desarrollar sus conocimientos para el beneficio de su comunidad. Me ha impactado la pobreza de los poblados rodeados de muros de barro, con el corral en el interior del perímetro donde recogen el ganado para protegerlo de los ladrones y las chozas en el perímetro donde se hallan las viviendas, cocinas, lugares de trabajo  y el almacenamiento del mijo. No sé porque extraña razón todas las camisetas de futbol, de todos los equipos, acaban en el tercer mundo. Aquí cualquier cosa es bienvenida.
La vida en la ciudad es algo distinta, no sabría decir si mejor. Ouagadougou es una ciudad de más de un millón de habitantes, probablemente difíciles de censar, con unas pocas calles asfaltadas y el resto de calles de tierra roja sin aceras definidas y firme ondulante, montones de basura que los vecinos depositan en ellas para quemarlas al anochecer. El humo y el polvo que los vehículos levantan crean una neblina que hace conveniente el uso de mascarillas para los viandantes. En la época de lluvias al carecer de alcantarillado la calle se torna un charco que te impide ver la existencia de zanjas  donde puedes caer como una trampa.  Estas calles  se llenan a las horas  de la entrada y salida del colegio. Los niños, como entre nosotros, pasean el peso de voluminosas carteras. Para un aficionado a la fotografía sentarse  al borde de la calle y captar lo que pasa es un autentico lujo aunque es prudente evitar fotos de mujeres que no desean ser retratadas o adultos que pueden incluso pedirte dinero si te ven muy interesado por captar su imagen.
Los muchachos que viven en el orfanato impresionan por su educación. Saludan a los mayores con una pequeña reverencia como respeto, se lavan su ropa los domingos, se asean transportando un cubo de agua desde el pozo a la habitación de duchas (sin duchas), son obedientes y jamás pelean. Y a pesar de ello se les ve muy felices. Estos días los cristianos (porque también los hay musulmanes) preparaban su Belén y para ello fabricaban los ladrillos con barro colocado en un molde y secado al sol. Son autosuficientes para casi todo.  Su comportamiento se me antoja mucho mejor que los niños de nuestro entorno. Es realmente para pensar si el paso al primer mundo supone una mejora para ellos.
Mi trabajo se centró en la asistencia sanitaria en el dispensario atendiendo fundamentalmente  a los niños y lactantes desnutridos.
Huelga comentar cuan distintos son nuestros mundos sanitarios en todas las facetas que queramos  contrastar. Pero si he de destacar alguna cualidad  sería la paciencia y resignación de aquellas gentes que se saben impotentes para muchas cosas, la necesidad de pagar  por la asistencia “siempre” y los precios  nada baratos para su nivel de ingresos de las medicaciones.  Con estas premisas es fácil pensar que no les sea fácil consultar y que cuando se ven obligados a hacerlo su tratamiento depende de sus posibilidades económicas. En el dispensario de AMPO la asistencia cuesta 100 CF (unos 25 céntimos de euro) pero la medicación  que se cree que necesitan se les proporciona si hay existencias. Su valor supera con mucho esta cantidad. Algunas personas que han consultado en otros dispensarios y que no pueden pagar los medicamentos  acuden aquí solo por la medicación. Algunos niños lloraban  asustados al acercarme a ellos, es como para nuestros niños el efecto del rey Baltasar, aquí el miedo es al blanco.
Al margen de la patología habitual de estas regiones con frecuentes casos de paludismo, diarreas y procesos respiratorios, creo que su principal patología es el HAMBRE. Ver niños que aun teniendo 2 años siguen pesando 6 ó 7 Kg con lactancias maternas muy prolongadas porque no tienen otra cosa que darles, con pechos que impresionan de vacíos pero que les ofrecen con frecuencia. En ocasiones pensé que estos niños se alimentan con un “gota a gota” de leche materna.
El proyecto de sobrealimentación de los niños malnutridos es financiado por una donante de Valencia, probablemente esta persona no llegue a sentir el enorme beneficio que está realizando. A pesar de todo la cobertura siempre se nos antoja insuficiente y nuestra recomendación fue ampliar el proyecto proporcionando una comida a las madres que a veces acuden de 10 ó 15 kilómetros, andando o en bicicleta, ida y vuelta, y que en este trayecto no comen nada. A ellos les pareció peligrosa esta ampliación ya que el efecto llamada puede originar que en pocos días las colas dieran varias vueltas a la manzana acabando así con el presupuesto dedicado a ello. ¡Que difícil es organizar con justicia la cooperación! Hay decisiones que resultan crueles y al final siempre acabamos con la misma frase. ¡Esto es África! No podemos cambiar el curso de su vida.
La vida en Burkina es dura vista desde nuestro punto de vista pero a pesar de ello es fácil arrancarles una sonrisa. Su mirada indica dignidad y agradecimiento sincero cuando se les trata con respeto.
El polvo rojo de los caminos de África que te llena los pulmones hasta hacerte toser también te impregna el alma y te engancha para siempre. Algunos de los que me lean sabrán de qué hablo. Katrin Rhode que cayó en esa trampa hace 18 años visitará España en el mes de Marzo y dará una conferencia en el Centro Social de Denia. Os recordaré a todos su presencia porque es importante comprender que otros mundos son posibles con pequeños proyectos a los que vale la pena apoyar.